Los fermentados pueden formar parte de una alimentación variada, pero no todos contienen microorganismos con beneficios probióticos demostrados. No son un tratamiento para la hinchazón ni una garantía de “mejorar las defensas”.

Para prepararlo en casa

Usá un procedimiento específico de una autoridad alimentaria o del fabricante del cultivo. Respetá ingredientes, proporciones, higiene, temperatura, duración y refrigeración. No alcanza con dejar un frasco varios días a temperatura ambiente o probarlo hasta que guste.

La fermentación puede dejar azúcar residual y producir alcohol y gas. No lo consideres automáticamente sin azúcar, keto ni libre de alcohol. No improvises una segunda fermentación en una botella cerrada: puede acumular presión.

Elegí según tu situación

Si estás embarazada, tenés defensas bajas o una enfermedad que requiere cuidados alimentarios, consultá antes de consumir fermentados caseros. Si preferís comprarlo, seguí la conservación y fecha indicadas en el envase.

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